En el afán de definirse
by K. Menard
Respiro sin suspirar, a veces. En ese intento por resguardar la mente de una vorágine inframundial, el corazón se sobresalta ante una sudestada de pulsaciones en revés. Ondas y olas antinaturales a ese mecanismo que finge ser benéfico al pensar. En percibirse, convulsiona. Se niega a entenderse y, al transmitírtelo, se observa. Me es agotador anticiparle. Más aún, llamarle algo.
Si suspiro es porque sé. Concluyo, peor todavía. Entonces sucede: me percibo un tanto acuático y viajo, sumergido en las aguas del océano Ártico. Lejos de habitar corales o refugiarme en cardúmenes, suspiro en grietas nacidas de desgracias y cotidianidades. Observo osos polares desde abajo; no temo sus miradas, atentas a mis movimientos impredecibles. De a poco, los suspiros me reducen.
Triunfar es temporal en esta unión coincidente de osar y desafiar a la entropía misma: llamarse uno, discutirse a los adentros, fingir devoción por la fe en protesta. Victorias no documentadas, a no ser por la poesía misma que las limita. Aquella costumbre carcelera del sentir anhela perpetuar sensaciones y patrimonios dignos de un suspiro introspectivo empecinado en definirse.
Schadenfreude. Sonder. Dépaysement. Saudade. 物の哀れ. Suspiro.
Quizás me encuentra. Interior o alienígena, sabe jactarse de su contaminación. Desde lo inevitable, se burla mediante y durante el ritual. Una posesión. Nos paraliza admitir que el vacío nos escupe y nos mece; se aburre y nos extingue. Nos sofoca. En nuestros saltos buscamos huirle a todo. Buscamos el océano estelar, sabiendo lo imposible que resulta respirar allí. Tercos, nos impulsamos en búsqueda de un hogar lejos de casa, y quemamos todo para lograr emitir suspiros hacia doquieres antipáticos. Mástil. Espada. Plumas. Desintegramos todo por suspirar más cerca de nuestro vientre final, buscando para dejar de buscar. Desafiamos para descansar.
